14 noviembre, 2018

Historia del Pueblo Canario

Néstor Martín-Fernández de la Torre ya plasmó en acuarelas su idea del complejo arquitectónico del Pueblo Canario, en el año 1937. El singular artista canario, impulsor de un particular modernismo que redundó el concepto del tipísmo, concibió poco después de llegar de París un conjunto de construcciones inspiradas en el costumbrismo canario (siempre bajo su personal visión): un centro de exposición permanente de las actividades características de las islas, en los terrenos anexos al Hotel Santa Catalina, que ejerciera de polo de atracción de los visitantes. 

 

En estrecha colaboración con su hermano, el arquitecto Miguel Martín-Fernández de la Torre, se planea así un complejo con construcciones que, a modo de pabellones, expusieran al turista las costumbres, la historia, la conexión de los canarios con el mar, la cultura local y los deportes autóctonos. En ese mismo 1937 los hermanos presentaron el proyecto al Ayuntamiento… un año antes del fallecimiento de Néstor. 

 

El artista ya había participado en la renovación del Hotel Santa Catalina, y, también junto a su hermano, había concebido el diseño de la Casa del Turismo del Parque Santa Catalina, que aún hoy ejerce de centro de información turístico y es sede de la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Todas estas construcciones conforman los mejores ejemplos de la llamada arquitectura neocanaria, alumbrada por Néstor como una revisión del tipísmo isleño. 

 

En lo que atañe al Pueblo Canario, Miguel Martín Fernández de la Torre se hizo cargo del proyecto, después de que se diera luz verde a la colocación de su primera piedra. En plena Guerra Civil española, la recaudación de fondos se convirtió en un gran problema para su ejecución. Algo a lo que contribuyeron empresarios y comerciantes del Puerto de La Luz y de Las Palmas. Gracias en buena medida a su aportación se pudieron emprender, esta vez de verdad, los trabajos para levantar el conjunto arquitectónico, en 1939. 

 

Ya entonces se resolvió que la antigua ermita allí ubicada se convertiría en el museo pictórico de Néstor, lo que hoy es el Museo Néstor. Aunque entonces el Obispado se opuso a esta reconversión del edificio religioso, así como su adquisición por el Ayuntamiento (que se hizo con la finca de la Vega de Santa Catalina, que incluía al hotel, en 1923).  Esta iniciativa hubo aún de esperar en el tiempo. En concreto, hasta 1955. La pinacoteca ocupa uno de los inmuebles del complejo y la ermita conserva ubicación original, restaurada también desde entonces. 

 

Un año después, en 1956, tras un largo trasiego administrativo y práctico, el propio de la misma ejecución de la obra, el Pueblo Canario pudo al fin abrir sus puertas. Lo hacía con floristerías (Flores Hesperia y Las Flores), el Salón de los Pájaros, tiendas de artesanía (Fataga y Lasso) y un emblemático bodegón. Además, se ubicó el Centro de Iniciativas y Turismo, junto la gran plaza central y el museo. 

 

Ya desde el comienzo de sus días, el Pueblo Canario acogió actuaciones folklórica de grupos locales (como ha sucedido hasta su restauración) y albergaba las visitas de numerosos turistas interesados en conocer las costumbres locales. Exposiciones de filatélicos (que impulsaron un particular mercado para adquisición e intercambio de sellos) y la espontánea presencia de pintores con sus obras en los aledaños contribuyeron a crear un ambiente único en el entorno. 

 

El paso de la historia fue im pactando en el complejo. El progresivo deterioro de unas instalaciones que ya desde su origen, debido a los problemas iniciales para la recaudación de fondos, fueron edificadas con materiales permeables al desgaste, no impidió sin embargo que las actuaciones folklóricas y la actividad del bodegón no cesara en el último tramo del Siglo XX. Hasta fue habitual la celebración de bodas en la ermita. El Pueblo Canario resistiría a los ciclos políticos, los vaivenes de la economía isleña y las caídas del sector turístico en la ciudad.

 

La entrada en el Siglo XXI mantuvo igualmente este trasiego ciudadano en el recinto, al tiempo que el Turismo volvía a florecer, ya con fuerza, en la segunda década de la centuria. La entrada de los cruceros en el Puerto atrajo igualmente a numerosas partidas de visitantes que querían disfrutar de los grupos folklóricos los domingos, aunque en este punto se hacía ya ineludible la ejecución de un proyecto de renovación global de las instalaciones. Proceso que se inicia de forma paralela a la adjudicación del Hotel Santa Catalina al grupo Barceló en 2017, y que impulsa el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Todo, con el objetivo de mantener vivo el espíritu coloreado por Néstor en 1937, y consolidar al Pueblo Canario como foco de interés turístico y motivo de orgullo para una población local que lo siente como suyo. Estos es, uno de los enclaves en los que la ciudad más identifica su identidad iselña.